El príncipe George está a punto de cumplir 10 años, toda una década de vida que ha transcurrido ante los ojos del mundo. Y llega a esta edad marcando un punto de inflexión, al romper con la tradición real de servir en el Ejército. Sus padres, los príncipes Guillermo y Catalina, apuestan por darle libertad para forjar su propio camino.
Es una decisión histórica que contrasta con lo vivido por anteriores herederos al trono británico. Desde Carlos de Inglaterra hasta el propio Guillermo, pasando por el príncipe Harry, todos han tenido experiencia militar. Una preparación que dota de legitimidad ante el pueblo.
Pero George será diferente. Sus padres priorizan que reciba una educación lo más normalizada posible, centrada en potenciar sus cualidades e intereses personales. Algo complejo para un niño destinado a reinar.
Así, George crece como un joven despierto, sociable y bromista. Le apasionan los deportes, la naturaleza y los animales. Se desenvuelve con soltura ante las cámaras, aunque sus padres limitan mucho su exposición. En el colegio destaca en matemáticas y geografía.
Se especula con que estudiará en Eton, como su padre y su tío Harry. Allí recibiría una educación de élite, codeándose con la aristocracia británica. Pero sus padres barajan también opciones menos elitistas, para que tenga amistades más plurales. Sea como sea, George tiene por delante una adolescencia y juventud fascinantes, antes de asumir su destino.
A sus casi 10 años, muestra ya una gran curiosidad por conocer el funcionamiento de la monarquía. Hace preguntas perspicaces a sus padres sobre el papel de la Corona. Participa en más actos oficiales y ha recibido sus primeras lecciones sobre la historia y protocolo real por parte de su bisabuela Isabel II.
Se está preparando para ser Rey casi sin darse cuenta. Con su carisma natural y su instinto, está llamado a reinventar y modernizar la monarquía cuando le toque. Será un soberano cercano que conectará con la gente.
Ahora está en la edad de salir al jardín a jugar con su perro y hacer travesuras con sus hermanos. Disfruta pasando los veranos en el campo con sus primos, cuidando animales y explorando la naturaleza. Todo un espíritu libre y aventurero, al que le espera un apasionante camino por descubrir.
Sus primeros diez años han estado marcados por hitos como el nacimiento de sus hermanos Charlotte y Louis con los que tiene una estrecha relación. También por momentos históricos como el Jubileo de Platino de su bisabuela Isabel II, donde asombró con su comportamiento adulto.
Ha visto a sus tíos Harry y Meghan abandonar la monarquía para establecerse en Estados Unidos. Seguro que le entristece estar lejos de sus primos Archie y Lilibet, con los que esperamos que algún día pueda reencontrarse.
También ha visto fallecer a su bisabuelo Felipe de Edimburgo, al que estaba muy unido. Y se ha adaptado a los cambios desde la muerte de su tatarabuela. Sobrelleva sus responsabilidades con una madurez impropia para su edad.
Es un niño feliz, con los pies en la tierra y arropado por el cariño de sus padres. Ajeno aún a que un día ceñirá la corona imperial británica. Quizás, llegado el momento, opte por un reinado progresista que modernice las anquilosadas tradiciones, guiado por su visión de futuro.
O quizás decida renunciar a sus derechos dinásticos y llevar una vida anónima, como su tío Harry. Sea como sea, todos auguramos a George una vida plena y llena de propósito donde encuentre su auténtico lugar en el mundo. Es joven y tiene una gran promesa por delante.


